Uso de los carriles de circulación

Uso de los carriles

por | Feb 26, 2017 | Legislación, Seguridad Vial, Tráfico |

          Estos carriles tienen dos funciones muy concretas, la primera es garantizar la seguridad en las incorporaciones y salidas, y la segunda es facilitar la fluidez del tráfico. Todos hemos recibido la formación en la autoescuela para usarlos correctamente y pocos los usamos como debe hacerse.

Basta pararnos en la denominación de estos carriles para ver de manera intuitiva para qué sirven. Empecemos por el carril de aceleración.

Como su nombre indica debemos circular por él en aceleración constante de manera que al incorporarnos a la vía principal nuestra velocidad sea similar a la de los vehículos que circulan por ella, lo que facilita nuestra incorporación al flujo de tráfico incluso con una distancia mínima con respecto a los vehículos que circulan por ella.

No es lo mismo incorporarnos a 110 km/h a una autovía que hacerlo a 60 km/h. En el segundo caso necesitaremos una distancia muy apreciable hasta el coche que circula por la vía principal para no obligarle a frenar, mientras que en el primero, con tener 15 o 20 m será suficiente para incorporarnos delante de él.

Sin embargo, cada día vemos como los conductores utilizan ese carril a una velocidad inadecuada, exageradamente lenta y en ocasiones incorporándose a la vía principal sin consumir por completo el carril. En otras ocasiones llegan a detenerse al llegar al final por no poder incorporarse.

Detenerse al final de un carril de aceleración es una maniobra sumamente peligrosa y además, antirreglamentaria. La norma indica que ante una incorporación, si el tráfico es denso y el conductor interpreta que no puede incorporarse de manera inmediata debe detenerse al principio del carril y no al final.

Como acabamos de decir, si los vehículos circulan a 100 km/h y aprovechando el carril llegamos al final a esa velocidad poco importará que nos metamos en su trayectoria 10 metros delante de ellos. Nuestra velocidad, igual a la suya no les obligará ni siquiera a levantar el pie.

Pero si lo hacemos dudando y frenamos mientras circulamos por el carril de aceleración, puede que nos incorporemos a 40 ó 50 km/h obligando a frenar al vehículo que circula por la vía rápida.

Hemos de recordar que la norma también determina la obligación de los automóviles que circulan por la vía principal de facilitar el acceso, reduciendo la velocidad o incluso, si es posible, cambiándose al carril izquierdo.

Este último precepto no lo tienen nada claro la mayoría de los conductores que argumentando el “Ceda el Paso” que tienen los que se incorporan no se mueven de su carril aunque no circule nadie por el adyacente y llega incluso a increpar al que se incorpora delante de ellos aunque no les obligue a frenar.

La utilización de un carril de deceleración es aún más sencilla que la del de aceleración porque no tenemos ningún condicionante externo que limite nuestra actuación. El carril de deceleración sirve para evitar que un vehículo rompa la uniformidad de velocidad de los demás.

Para usarlo bien debemos introducirnos en ellos desde el principio y a la misma velocidad a la que circulamos por la vía principal, para sólo entonces empezar a frenar para abordar la salida. Simple ¿Verdad? Pues no lo debe ser tanto porque constantemente vemos como los conductores frenan antes de entrar en el carril y lo toman a la mitad o más, lo que obliga a los demás a adelantarles si es posible o a frenar tras ellos. Se trata de un simple ejercicio de disciplina y de aplicar la lógica.

La mala utilización de un carril de deceleración, el mejor de los casos, solo resulta una molestia para los demás automovilistas, pero puede provocar incluso accidentes.

Si la salida de una autovía o autopista desemboca en una curva de 180 grados y reducimos la velocidad para abordarla sin utilizar el carril de deceleración hasta el último momento podemos provocar una brusca retención de los que nos siguen.

Pero además hemos de tener presente que el carril que estamos bloqueando es el derecho, es decir, por él circulan los camiones. Hacer frenar detrás de nosotros a un camión de cuarenta toneladas es un ejercicio de osadía que personalmente no me gustaría probar.

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